362/365 – Las colas.

By Carlos Salvador, 18 marzo, 2017

Hay días en los cuales el tiempo es irrelevante, casi innecesario. Te da igual que el sol se vaya lento o rápido. Básicamente no tenés apuro y quizás estás disfrutando no tener nada en la mochila de las responsabilidades. No siempre existen esos momentos y está bueno aprender a disfrutarlos y a no sentir la culpa de no hacer nada.

Otros días, casi todos, estás apurado. Las razones suelen estar en la misma mochila de las responsabilidades y a veces pesan y mucho. Probablemente te irrites con facilidad y te molesten mucho los turistas en la ciudad. Pero hay un ser que me saca de quicio. Hay un momento que no tolero. Es esa situación a partir de las 20 horas, cuando entrás al supermercado y está repleto de gente. Agarrás un carrito y ponés lo que te acordás de la lista que te olvidaste sobre la mesa. Paseas como un zombie viendo las góndolas y los carritos de otros zombies, a ver si te dispara una idea y completás la lista. Terminás de meter todo y cuando elegís la fila, te das cuenta que vas a perder de cualquier manera, siempre de la peor. Ahí es cuando me enojo mucho. Hay diez personas antes que uno, generalmente están solos. No tienen nada que hacer. Miran el teléfono de nuevo para ver que nada pasa y al momento de pagar, se demoran varios minutos sacando la plata, monedas o la tarjeta. ¿Qué les pasa? Hace 15 minutos están en una fila, ¿no tienen a mano el dinero? ¿Piensan que no les van a cobrar? ¿Se olvidarán de una parte del proceso? Hacen siempre lo mismo. Como si fuesen amateurs de supermercados.

Yo, en mi interior problemático, hasta calculo el aproximado de la cuenta y tengo listo el medio de pago. Claramente lo hago por mi, pero también por los demás. Creo que al final todos tenemos problemas. Están los que piensan que ir al super es un paseo y quienes nos molesta los que pasean en el super. Lo loco es que los papeles se pueden invertir según el tiempo de cada persona.

2 Comments

  1. Xavier Llauradó dice:

    Los unos soportamos a los otros y los otros a los unos y a su vez nosotros a nosotros, arrenglerados en una línea del tiempo personal y colectiva a la que todos alimentamos de sentido. Afortunados los hamsters que parece no tienen otra opción que avanzar!

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