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By Carlos Salvador, 15 marzo, 2017

Hoy me enteré que una compañera de Madrid falleció. No sé siquiera qué día fue. No creo que supieran decirme, daba igual. No voy a mentir, no éramos amigos. Pero no hace falta tener lazos perdurables para sentirse mal. No sólo por la muerte en sí, todos los días mueren personas. Pero de alguna manera sentí el pesar del vacío, como si la gravedad manipulara la nada.

Recordé varios momentos en mi vida donde personas que he querido se han ido. Entre el último momento donde nos vimos y el final del camino, realmente ambos éramos muertos en vida. Seres que daba igual cuán vivos estén o cuán muertos. No volveríamos a vernos jamás. Un día, como hoy, te enterás que se han ido o en unos días se enterarán que el que se ha ido es uno.

Habrá que desempolvar ciertos hábitos perdidos, disfrutar lo que amamos y tomar más vino. Uno nunca sabe cuándo será el último abrazo. Nunca olvidemos: nadie muere en las vísperas. Al final el tiempo es tirano, ayer ella ya no estaba entre nosotros y yo no lo sabía.

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