355/365 – Volver.

By Carlos Salvador, 11 marzo, 2017

De vez en cuando Ernesto iba a su pueblo por un bar especial. El lugar era normal, no hacían un café excepcional, ni tenían el mejor vino. Pero era su lugar en el mundo. Habían pasado bastantes años desde momento que lo había descubierto y cuando podía escapaba de la urbe ruidosa a encontrarse consigo mismo.

Una noche, cuando tenía 28 años, entró al bar por última vez antes de subir al tren. Pidió una copa de vino. Se sentó en el mismo lugar de siempre. Desde allí podía ver a la gente de la calle y a los presos del bar.

No había nadie para brindar. Tenía miedo del paso que daría al otro día. Viajar a la ciudad y tomar ese avión. La copa llegó llena. Más que vino parecía sangre. Con sus dedos movió la base de la copa y el aroma envolvió sus sentidos. Al beber el primer sorbo se sintió mareado. Vio en el reflejo de la copa más copas, más personas iguales a él. En su trance los miró a todos y levantó la copa. El brindis simbólico significaba mucho. Ese día muchos dejarían de verse.

Años después volvió al pueblo. Todo era igual. El mismo bar, la misma mesa, el mismo vino. El aroma y los mareos. Los espíritus que decantan de la copa. Que decidieron caminar otro camino. Que sólo comparten una noche azarosa en un bar que pocos conocen.

Hablan en silencio y cuentan sus experiencias. A medida que el tiempo pasa, algunos se distancian y otros se unen más que nunca. Siempre en el mismo lugar, siempre con una copa de vino.

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