354/365 – La idea.

By Carlos Salvador, 10 marzo, 2017

Ernesto revolvía el café sin objetivo alguno, no había azúcar dentro. Sólo le gustaba ver cómo la crema pasaba del casi blanco al marrón oscuro. Una vez había escuchado que si uno pone azúcar al café y revuelve hacia el mismo lado, digamos en sentido horario, una cantidad determinada de veces y al terminar se gira la cuchara al revés la misma cantidad de veces. El resultado era el mismo del principio. El líquido y el sólido quedan en la misma posición. Dudaba mucho de esa afirmación y hacía mucho tiempo que no endulzaba los cafés como para echar a perder el que tenía enfrente.

En su mente las ideas iban y venían. Como si fuese una carretera, sin norte y sin fin. Probablemente sería mejor pensar en un laberinto, porque algunas aparecían y desaparecían al mismo tiempo. Como si se escondieran detrás de la esquina. Siempre estarán, aunque no las veamos. Había ideas que eran lentas, que no se podían escapar. Que se quedaban en doble fila mucho tiempo. No eran malas ideas, ni las mejores, eran las que más tiempo llevaba pensando.

Una de ellas era la idea de ser el hombre que quería ser. No siempre el hombre que sos es el hombre que querés ser. A veces esos hombres son incompatibles y si ambos vivieran en el mismo lugar al mismo tiempo, probablemente no serían amigos. En algunos casos pelearían por lo que sienten.

Esa idea tenía un ancla pesada, no se movía de su lugar. Le costaba mucho asumir el cambio. Dejar de ser lo que era y ser lo que deseaba ser. Recordó su infancia, cuando aún no tomaba café. Cuando lo que bebía era un Nesquik. Recordó que al polvo marrón y dulce, le agregaba dos cucharadas grandes de azúcar blanca. Lo disfrutaba mucho y fueron años así. Miró de nuevo su café amargo y negro. Pensó que no sería tan difícil la batalla y que ya había empezado hace mucho.

¿Qué pensás?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *