348/365 – Reflejos cortados.

By Carlos Salvador, 4 marzo, 2017

Los sábados disfruta el café. Durante la semana el café tiene un objetivo claro y crucial. No es más que un aliciente. Los fines de semana se toman despacio. Decidió ir a su bar favorito, el de toda la vida. Donde siempre pasa lo mismo.

Su mirada rasante. El codo apoyado en la mesa y la mano suspendida sosteniendo ese cigarrillo que tanto quería dejar y que no podía. En su mente estaba ella, en su ojos también. La veía pedir un café en el bar de enfrente. No hacía falta leer sus labios, sabía cuánto le gustaba pedir cortados con más leche que café. Recordó esa tarde en Mar del Plata cuando caminaron por la Brístol de la mano y se sentaron en ese café donde por error el cortado fue con más leche que café. Fortuitos errores que cambian detalles.

Los cortados llegaron al mismo tiempo que las parejas actuales de ambos. Inmediatamente pidieron dos cortados más. Ella no lo había visto, él no dejaba de verla. ¿Qué hubiese sido de mi vida a su lado? Su pareja observó la mirada perdida y la nostalgia encontrada. Giró su cuerpo y miró a su ex novio en el bar de enfrente. El camarero le dejaba un cortado como a ella. Como ese día en Mar del Plata. Cuando sin querer pusieron más leche que café en la taza.

El tiempo fue el mismo. Tardaron los mismos suspiros en beber esos cortados. Una pareja veía a otra que nunca los miró. Como un reflejo anónimo de una vida que dio otros pasos, pero que adoptó errores casuales a su cotidianidad.

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