339/365 – Hay que saber subir y bajar.

By Carlos Salvador, 23 febrero, 2017

El edificio donde trabajo es un ícono de la ciudad donde vivo. Es raro haber pasado tantas veces por (casi) su puerta y nunca haber imaginado entrar siquiera a ver las vistas. Recuerdo el único día que lo vi más de un minuto seguido. Fue el primer San Juan con mis amigos. Caminaba con el Guille rumbo al norte. Cuando pasábamos cerca comenzamos a oír cómo rebotaba el sonido de los petardos en la estructura del edificio. El sonido era similar a los disparos de las armas del lejano oeste. Realmente algo único. Creo (y si no es así, que alguien me lo diga) que esas cosas son casualidad. No imagino a un grupo de arquitectos pensando en esa situación. Lo cual me da alegría. A veces sale mal y en este caso salió bien.

Como todo, trabajar en esa torre también tiene su lado feo. Los ascensores son un espanto de la modernidad. Entiendo perfectamente que haya ascensores para pisos pares e impares. Además me parece lógico que estén divididos en dos grupos diferentes, unos van desde la planta baja al piso 20 y otros van desde la planta baja al los pisos del 21 al 40 (sin frenar antes de la planta 20). El problema radica en que la cocina de la agencia está en la planta 20 y trabajamos en la 19. Por sólo una planta tenemos que tomar el ascensor. No podemos usar las escaleras porque se dispara la alarma. Sí, como lo leen. Para ir a tomar un café, pierdo mucho tiempo.

Todo se complica cuando hay que ir a la planta 36. A veces nos toca subir a reuniones o eventos particulares. En estos casos debemos ir de la 19 a la 20. Hacer trasbordo y luego subir hasta la 36. Al bajar es lo mismo pero al revés. En estos casos la pérdida de tiempo llega a niveles insospechados y la ira de la gente se hace notar abiertamente.

Me encanta la tecnología, pero debo admitir que a veces me gustaría depender menos de un ascensor. Lo peor de todo es que cuando llego a mi edificio y veo los 97 escalones que debo subir hasta la puerta de mi casa, se me pasa todo y deseo tener una caja de metal que me suba cuando aprieto un botón. Nunca seré feliz.

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