335/365 – Cortar.

By Carlos Salvador, 19 febrero, 2017

No podía cortarse el pelo. Sabía que debía, que era lo mejor en muchos aspectos, pero le costaba en demasía. El pensamiento racional le decía que sería menos tiempo en la ducha. Practicidad y libertad. Pero en su interior la sensación de desprenderse de algo propio era inaceptable. Con ese pelo había conocido a Clara. Dudaba si había ido a Catamarca con su hermano o si ya lo había cortado sus cabellos. Da igual, tampoco se había rapado.

¿Cómo cortarse el pelo con el que he vivido tanto? ¿Y si la próxima melena es peor? Tampoco llevaba tanto tiempo sin pasar por el peluquero. Sólo eran tres años. Al tener 46, tres, no era tanto. Pero habían sido tres grandes años. El amor, el campeonato, el laburo, la casa, la moto y la batería.

También esos cabellos había enterrado amigos y parientes. Al mirarse al espejo cotidianamente sabía en qué momento había sucedido cada cosa por el largo de los pelos. Notaba que su pelo crecía un centímetro por mes, 12 al año. Nunca lo comentó, pero tenía un mechón detrás donde iba marcando sucesos importantes. Usaba agua oxigenada para hacer una especie de marca.

Sabía que tarde o temprano la vida le quitaría todos los pelos. La calvicie lo unía con la cantidad de situaciones que vivía. A medida que la calva crecía, menos hacía. Era consciente de que al caer el último pelo, él moriría. Pensó en pelucas, pero sabía que una vida artificial no sería a largo plazo una vida real. Una cirugía con su propio pelo sería volver a vivir lo que ya había vivido y para bien o para mal, no hay que vivir dos veces la vida. Le quedaba la opción de implantarse pelo ajeno. Pero dudaba si se convertiría en otro ser humano. Quizás mejor morir pelado.

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