334/365 – Redondo.

By Carlos Salvador, 18 febrero, 2017

Veo a la mujer de enfrente colgar la ropa en el balcón. La he visto varias veces, como a mucha gente de mi barrio. Gente haciendo barrio. Leí esta mañana que los precios de los alquileres habían explotado en los últimos meses en Barcelona. Una chica de Sant Antoni no puede afrontar la suba y con mucha sensibilidad escribió una carta donde explica que se iba de un barrio al que jamás volverá, porque estaban matando el barrio. Los tejidos sociales que se cortan y que se vuelven sintéticos y artificiales. Comentó que se mudaba a Sants, un barrio que aún resiste la avalancha de turismo.

Anoche caminaba por el Raval con Juan. Pasamos por el Gótico y el Born. Se me hace tan distinto todo. En el primer bar nos mintieron con sonrisa, nos vendieron un jerez por un vermut y no nos importó. Lo mejor estaba fuera del vaso. Ambos habíamos jugado al fútbol ese día y, aunque contrarios, felices brindamos.

Es tan rara Barcelona. Saca tantas cosas de adentro. Llama a tanta gente diferente. Desde el turista de manual, al vendedor callejero de cervezas. Barcelona no es de nadie. Seguimos caminando y le conté a Juan la vez que trabajé en un bar con un eslovaco. Yo decía que fumaba para tener esos minutos afuera del lugar (¿acaso los sanos no podemos respirar un rato?). Siempre esperaba el momento en que él salía. El último día de trabajo me dijo que el mundo era redondo y que nos volveríamos a ver. Pasó el tiempo y nos encontramos. No me saludó, sólo me dijo: ¿viste? el mundo es redondo.

Quizás el barrio de Sant Antoni no muera, quizás los barrios de Barcelona no mueran. Quizás vivan en la la gente. En esas redes que no se pueden cortar con subas de alquileres. Las que hacen que el mundo sea verdaderamente redondo y humano.

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