Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde… – Christian Germán Löfvall

By Carlos Salvador, 5 junio, 2016

Me estaba muriendo de ganas de escribir algo, desde que el Carlitos nos invitó a participar en sus publicaciones… y tal vez desde antes. Le dije varias veces que leerlo me daba ganas de volver a mi blog -el cual lleva como 2 o 3 años abandonado-. Lo único que me hizo esperar hasta hoy fue la calidad y la belleza con la que el Carlitos está escribiendo… bah, llamesmoló por su nombre: miedo. No quería escribir algo que no estuviera a la altura de algo que el Carlitos pudiese escribir en su día 70 y algo y, para ser honesto, no pensaba poder llegar a ese nivel. Esperé hasta que la inspiración me golpeará la puerta… en realidad, no, esperé hasta que golpeó la puerta, abrió con su propia llave, entró a la casa, se preparó un cafecito… y me dijo “dale, pibe, sentáte… ya sé que vas a escribir“.
Hace un mes y un poquito, facebook me mostró un estado que publiqué hace 2 años. No es que me hubiera olvidado del hecho, pero me recordó la fecha exacta: 27 de abril del 2014. Mi estado fue el resultante de lo que pasó el día y la noche anterior… y les voy a contar la historia en primera persona, como suelo vivir casi todas las historias que me suceden.
El 26 fue el cumple de la novia de mi hermano… en mi casa nos encanta festejar cumpleaños. Nos juntamos a almorzar, hubo torta con velas y bengalas y muchísimas fotos. A la noche nos juntamos a comer con los chicos y salimos a tomar algo. Hace dos años, la Arístides mendocina era otro mundo… todavía se podía salir a bailar ahí y eso fue exactamente lo que hicimos. Terminamos en Por Acá, bailando y tomando hasta esas horas donde uno no sabe decir si es muy tarde o ya es temprano. Por algún motivo, ese día todos estacionamos en lugares diferentes, lo cual es válido de comentario porque siempre estacionábamos todos juntos. A un par de cuadras de la Arístides hay una callecita chica, poco transitada y con un par de guardias de seguridad -por lo tanto, sin trapitos-. Tenía otra ventaja, ahí vivía la Jose antes de mudarse a Barcelona con el flaco que me invitó a escribir esto. Cuando salimos de Por Acá -un rato antes de que cerrara- nos saludamos todos en la puerta y cada uno caminó solo para su auto.
Llegué a mi auto con dos sensaciones muy presentes. Una, estoy medio borracho y, dos, tengo sueño. Tuve un par de accidentes por quedarme dormido al volante (nuop, no voy a escribir sobre eso, pero gracias por pensarlo), entonces he decidido no manejar cansado, ni aunque sea un poquito cansado. Decidí que lo más prudente era encerrarme en mi auto, tirar el asiento para atrás y pegarme una siestita antes de salir. Lo he hecho mil veces. Mil. Con dormir unos 15-20 minutitos ya soy un hombre nuevo. Pero mi celular se había quedado sin batería hacía rato y no pude poner una alarma. Supuse que me iba a despertar cuando el sol empezara a pegarme en la cara.
Me desperté como a las 11, con el sol brillando entre las hojas de los árboles. Obviamente descansado, pero con apuro… no me acordaba si mi hermano necesitaba el auto y pensé que a mis viejos les gustaría saber si yo iba a estar para el almuerzo y demás. Me recompuse lo más rápido que pude y manejé hasta mi casa. En el momento que empecé a abrir el portón de mi casa, salieron mis viejos a interceptarme… mi mamá lloraba y mi papá -quien suele ser el tipo más neutral y controlado que conozco- tenía una cara de desesperación que no me voy a olvidar más.
Hijito, que suerte que estás bien -dijo mi mamá mientras me abrazaba-.
Qué pasó? -yo todavía no entendía nada
Pensamos que te había pasado algo… nunca nos dijiste que no volvías a dormir y no sabíamos dónde estabas.
 
(Obviamente, todo lo que ustedes leyeron hasta ahora se les fue explicado).
Mis viejos, porque yo rompí mi rutina comunicacional por unas –digamos– 6 horas, entraron en pánico. Yo suelo decirles dónde estoy, todo el tiempo. Al ver que yo no contestaba el teléfono, decidieron llamar a mis amigos. Todos temieron que yo hubiera tenido otro accidente. Todos mis amigos hablaron entre sí… todos. Las llamadas y mensajes iban de mis viejos y mis amigos a la policía, a los hospitales, a los diarios, a toda la gente que vimos esa noche y a mucha gente no veíamos hace rato. Llamaron y mensajearon a tanta gente… buscándome. Salieron a recorrer el Acceso Sur, la San Martín y el Corredor del Oeste, para asegurarse que no hubieron choques o asaltos que el diario no hubiera publicado. Y yo, vergonzosamente durmiendo en el auto.
Es acá donde mi título encuentra y pierde sentido de la misma manera. Lo que escribí en facebook ese 27 de abril fue algo basado en ese sentimiento de mi título. Por suerte no pasó nada malo y yo no tuve que perder nada para poder sentirlo. Pero pude apreciar, en casi todo su esplendor, la calidad de gente que me rodea. Mi familia y mis amigos me aman y movieron y moverían cielo y tierra por mí. Digo casi, porque también se pudo ver que harían mucho más. Todo mi mundo estaba alerta de mi temporaria desaparición y, por más que me daba vergüenza admitir la razón de mi ausencia, ver lo contentos que se ponían todos al ver que yo estaba bien, no tiene precio -voy a dejar de lado todas las jodas y cargadas que me comí desde ese día hasta hoy… o las que van a ver en los comentarios, por supuesto-.
Sé que se me fue un poco largo… pero juro que ahora redondeo la idea.
“Uno no se da cuenta lo que tiene hasta que lo pierde”, dicen. Uno no siente la presencia de algo, hasta que se ausenta. Este hecho me hizo valorar las cosas que tengo, sobre todo la gente. Nos pasan tantas cosas a diario y nos concentramos tanto en tonterías, que muchas veces es difícil ver lo afortunados que somos. No esperemos a sentir la ausencia de algo para valorarlo. Todos tenemos alguien a nuestro lado que nos hace ser quienes somos hoy, o que nos empuja a ser nuestra mejor versión… todos tenemos amigos, familia y/o una pareja que nos apoya incondicionalmente, en las buenas y en las malas. Que están cuando no los llamamos, que sólo quieren lo mejor para nosotros. Si esto fuera un brindis, es ahora cuando levantaría la copa y los invitaría a brindar por toda esa gente que apreciamos, que están tan presentes que casi olvidamos lo importantes que son para nosotros.
Les digo… daría todo por seguir teniendo mi familia y mis amigos. Sé que son capaces de muchísimo por mí… y quiero que sepan que yo haría todo y de todo por ustedes.
Salud!
Escrito por Christian Germán Löfvall el 5 de junio de 2016. Capo.

One Comment

  1. Arturo Guardiola dice:

    so puto so

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