Me gusta que me pinchen. – Agustín Puig

By Carlos Salvador, 1 junio, 2016

Acepté contento el desafío de Charly. No sé por qué contento, pero sé que lo acepté contento. Y más contento me puse cuando le agregó dificultad al no dejarme hacer trampa. En la cyberconversation que mantuvimos me dijo que la idea era que escribiera lo del día, para el mismo día. Es decir, no podía planificar lo que iba a escribir, mucho más de lo que lo hace él todos los días. ¡Un desafío! Me encanta.

Mi idea principal es que lo que comparta tenga relación con su propio experimento. Si no, para mi no tiene mucho sentido. Y es que yo siempre hago las cosas para que tengan algún sentido; si no se lo veo, no entiendo bien lo que estoy haciendo. Y es por la búsqueda de sentido, que un día me desperté por la mañana y vi que tenía un problema de método.

Hoy por hoy no me levanto todos los días a la misma hora, pero cuando me levanto hago siempre lo mismo: voy al baño. Y en el baño tengo una serie de acciones básicas, incluso antes de la ducha. Primero necesito hacer pis y luego lavarme los dientes. El problema es que no puedo lavarme los dientes sin lavarme antes las manos. Pero tampoco me puedo lavar los dientes con las manos mojadas porque se me resbala el cepillo. Entonces, primero hago pis, luego me lavo las manos y me las seco. Luego me lavo los dientes para finalmente secarme las manos de nuevo.

Alguien en la generación que nos sigue, supongo, pensará en el desperdicio de agua. Muchos, de cualquier generación, también supongo, se identificarán con esos pequeños mecanismos que desarrollamos y cuya suma de alguna manera nos define. El tema es que hoy me desperté, me vi en esa rutina y recordé, por alguna razón, el desafío de Charly.

Recordé que el día que propuso el ejercicio se preguntaba de qué manera las ideas se concretan. Describió a grandes rasgos el proceso entre que piensa en algo y lo desarrolla. Recuerdo que él también tenía mecanismos. Los que lo leyeron ese día recordarán que después de las 13 hrs. se pone nervioso.

Pero también recuerdo que en su propia rutina se va descubriendo, impulsado por su naturaleza curiosa y el compromiso con la meta que se propuso.

Hay un ejercicio célebre de entrenamiento cerebral, que consiste en lavarse los dientes con la mano opuesta. Básicamente, lo que hace es obligarnos a ser concientes de lo que estamos haciendo. Mi rutina diaria al despertar no representa un problema sinceramente, pero es verdad que casi siempre lo hago sin darme cuenta.

Lo interesante, más allá de los mismos escritos, es cuando Charly te comenta los cambios que va sintiendo a medida que el ejercicio avanza. Se propuso una rutina de la cual es plenamente conciente; y es quizás esa la diferencia entre una rutina y un hábito que te apasiona. El hecho de hacerlo conciente nos permite aprender cosas que no aprenderíamos si lo hiciéramos de manera automatizada.

Los que por profesión pensamos, podemos caer a veces en el vicio de buscar soluciones sólo pensando. Pero en nuestra vida hemos aprendido tantas cosas viviendo, que se hace prácticamente imposible desaprenderlas pensando. Es necesario vivirlas para trascenderlas. Es importante sacarlas de la cabeza y agregarle una dimensión a la ecuación, que nos permita ver las cosas como cuando la seño las escribía con tiza en el pizarrón.

Pensar es conveniente, pero actuar es esencial para sentir lo que seríamos capaces de sentir si lo hiciéramos. Es en esa dimensión donde se encuentran los mejores resultados, los más valiosos aprendizajes, las soluciones más eficientes.

Bueno, creo que de esto habla Charly casi todos los días. No estoy diciendo nada nuevo. Sin embargo, decirlo de nuevo me sirve a mí para hacerme conciente de las cosas que hago como rutina, pero que podría estar haciendo como hábitos apasionados. Quizás le sirve a alguien más.

Creo que el confort es terrible. Lo disfruto a diario, con el techo que tengo, el sofá, la Nespresso y la pantalla gigante en mi living. Pero me doy cuenta de que sentirse cómodo por mucho tiempo le abre la ventana a la desidia. Y lo digo en el sentido de la falta de interés por lo que estás haciendo. No interesarnos por lo que hacemos estoy seguro de que nos daña.

Tomen valor y escriban. Van a descubrir algo nuevo.

¿Qué descubrí yo? Descubrí por qué me puse contento cuando asumí el desafío de Charly. Sabía que iba a tener la oportunidad de ser consciente de lo que estuviera haciendo, de interesarme. Tenía un sentido, una meta y a mí mismo para llevarla a cabo. ¿Cómo no iba a estar contento?

Escrito por Agustín Puig, el primero de junio de 2016.

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