Voté por el cambio y me la aguanto. – Ulises Márquez

By Carlos Salvador, 25 mayo, 2016

Sí.

Estaba harto de la corrupción, del supuesto bienestar material, esa burbuja de jabón flotando al viento, proyectando espejismos, a punto de explotar. Aposté por cambiar.

No aguantaba su voz, su estampa prepotente, imagen del rencor. Su discurso chicanero que agredía a propios y ajenos, maquillando todo de inclusión.

Es una yegua que tuve que soportar por años, incluso a veces todavía toca hacerlo, pero qué no daría por verla encarcelada de ahora en más. Poco falta si Dios quiere.

Me quedé sin trabajo. La inflación me aprieta el bolsillo y cada centavo lo tengo que cuidar. Me volví más austero aún, pero voté por la alegría del cambio y es el precio que debo pagar, que todos y todas debemos pagar.

¿No?

No, no hablo de política, por lo menos no de la política nacional argentina y aprovecho el 25 de mayo para gritar ¡Viva la…! ¡VIVA LA LIBERTAD!

El cambio lo di hace poco más de 3 años atrás, cuando renuncié prácticamente a todo por ir detrás de una ilusión.

Llevaba casi una década trabajando en un negocio familiar, los últimos 5 con gran empeño y entrega, en jornadas de 13 horas, 6 días a la semana. Quiero creer que nos ayudamos mutuamente a crecer, pero mi sueño de viajar por el mundo, aunque iba mutando, se negaba a desaparecer. Surgió cuando tuve que decidir qué hacer con mi vida, ella te lleva, pero casi siempre te da la posibilidad de que la saques a bailar.

Agarré la mochila y me fui al sur, a los 2 meses, en Patagonia chilena, disfrutando de su riqueza natural, me llegó la propuesta de volverme a trabajar. Esta vez sería distinto, un puesto gerencial, prácticamente la mitad de la carga horaria y el sueldo del último salario multiplicado por 3. Lo pensé, lo pensé, lo pensé un poquito más, lo repensé y súper agradecido por la oportunidad, la dejé pasar. Volví a apostar por el cambio, con unas fichitas más.

La vida me llevó, esta vez por otros caminos, de mayor libertad. Paisajes indescriptibles y personas más increíbles aún, experiencias que trajeron lecciones que puedo capitalizar en nuevos modos de sentir, pensar y actuar. Abierto a aprender, voy jugando, probando qué, cómo y cuánto mover; reciclándome con la firme intencionalidad de estar mejor.

No quiero caer en la polémica de la meritocracia, pero creo que todos tenemos no sólo el derecho, sino también la oportunidad y responsabilidad de volcarnos a esa búsqueda personal de mejorar nuestro bienestar, que no tiene que ver con lo material, sino con perseguir y alimentar aquello que intuimos nos hace bien. Es cierto que el contexto tiene mucho que ver en que podamos estar bien, pero este cambia constantemente y nosotros deberíamos poder lograrlo también. Sentirnos bien ni siquiera tiene tanto que ver con la realidad, sino con nuestra interpretación de la misma, y si toca mala… (shit happens), paciencia, a mejorar.

Pero ojo, porque también hablé de esa voz que ya no soportaba más, la de esa yegua, sí, es una de las vocecitas que hay en mí, la que me tira para atrás. La pesimista, la que juzga, la que prefiere no hacer. A esa también hay que aprenderla a querer, no matarla, no callarla, porque a veces nos puede salvar, pero dejarla encerradita por ahí, dándole de comer con las sobras que nos quedan después de haber alimentado primero y bien a la voz del corazón.

Escrito por Ulises Márquez, el 25 de mayo de 2016.

One Comment

  1. Irene dice:

    Hermosamente contado, querido Ulises.

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